sábado, 8 de mayo de 2010

Un transporte cuestionado



Un estudiante juega sentado en el cordón cuneta. Una chica de no más de 17 desprende una sonrisa pícara al leer un mensaje que acaba de llegarle a su celular. Otro joven -patineta en mano y rastas que traspasan la cintura- balancea su cuerpo, se apoya en un caño rojo y, sosteniéndose en él, observa al fondo de la calle Jujuy. Repite la maniobra varias veces en un corto lapso de tiempo. Mientras, una mujer trata de tranquilizar a sus tres criaturas, quienes, inquietas, insisten con llegar a su casa. Así transcurren 10, 20, 35 minutos sin novedades. También muchos más. Ejemplos que describen, en parte, lo que se vive durante la espera del colectivo en cada parada del Indalo -la empresa que tiene a cargo el servicio del transporte de pasajeros en la capital neuquina desde hace años-.
Si bien la llegada del micro hará que estos actos formen parte del baúl de anéctodas, la situación se retroalimenta diariamente y es preocupante. Más, sabiendo que la imagen se repite en la mayoría de las paradas que hay en la capital. Ni hablar en el Oeste, donde todo es más difícil y cuesta arriba.
La situación enfurece, incomoda y perjudica. Sin embargo, debería servir para crear consciencia y obligar a todo aquel responsable del servicio a mejorarlo: intendente, funcionarios, concejales y la empresa propiamente dicha. Pero nada de ello ocurre. Mientras, las paradas continúan repletas de vecinos lanzando puteadas por lo bajo -y por lo alto- y el Indalo recorre las calles de la ciudad con su contrato vencido pero prorrogado por el jefe comunal, Martín Farizano, desde hace 11 meses.
En este contexto, además, los ediles capitalinos intentan acercar posiciones y cerrar las bases del nuevo pliego de licitación con el objetivo de poner en marcha el nuevo sistema en enero próximo, el cual intentará estar a la altura del pasajero con recorridos que harán hincapié en las calles troncales y apostará fuerte a los trasbordos.
Para saber si servirá y si es la mejor opción habrá que esperar. También para ver si no es un error darle continuidad a un servicio monopólico que, hasta el día de hoy, muestra serias falencias. Pero más allá de las posturas personalistas, hay un punto que es central y que debe ser el eje del nuevo sistema: el usuario. Si en el pliego a aprobar por el Concejo Deliberante no están plasmados los requerimientos de estos -expresados hasta en una Audiencia Pública no vinculante organizada meses atrás por el Cuerpo deliberatvo- de nada sivieron los meses en que demoró su elaborarción. La gente pide un cambio; pide dejar atrás un servicio enemigo.

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