La permanencia de Daniel Vincent al frente del Minsiterio de Salud desde hace dos años y cinco meses no deja de sorprender. Más si se tiene en cuenta que es el primer nombre que circula como baja ante cada temblor en Casa de Gobierno. Sin embargo, posee la cintura y el tino para sobrevivir.
No hay que elaborar ninguna encuesta para comprobar que su figura es la más cuestionada del gabinete de Jorge Sapag. Pese a ello continúa. Y su cargo, según aseguran allegados al médico, está más firme que nunca. “Siempre es el ministro a echar, pero nunca se le pasó por la cabeza renunciar como tampoco se le cruzó al gobernador despegarlo de su gestión”, añaden desde su entorno.
En otra vereda están quienes califican su continuidad de “inentendible”. Hasta se animan a sospechar que lo que le permite mantener el cargo es una cuestión “extra a su función”. Aunque no lo tienen confirmado ni comprobado. Sin embargo, indican que la falta de gestión y de planificación, la ausencia de diálogo con los trabajadores, las promesas incumplidas y las diferencias -"notables"- con el subsecretario Gustavo Cutino, como ya las tuvo con Claudio Ferrón, son motivos más que suficientes para aceptar su relevo.
Cuestionamientos o defensas por medio, Vincent se encamina a ser uno de los tres ministros de la gestión Sapag, junto a Leandro Bertoya y Esther Ruiz, que terminará su mandato adquirido el 10 de diciembre de 2009. Y, por los antecedentes, nada ni nadie está en condiciones de certificar lo contrario. El futuro ya está sellado; y tiene nombre y apellido.
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