
Tal vez dure un cerrar y abri de ojos. Quizas un espacio breve y obligatorio. Aunque puede tratarse de algo interminable, un proceso que lleve su tiempo digerir o un vacío que requiera convivir días, meses y años con él. Pero, en parte, ello se simplifica cuando la soledad aparece para hacer compañía. Y demuestra su presencia. De mil maneras.
Ella, muchas veces necesitada e invocada, genera hoy resquemor y pasó de ser algo ajeno a tener un rol primordial. Sólo en cuestión de segundos; como sucede con la mayoría de las sopresas.
Pero a pesar de volver sin ser llamada será recibida de la mejor manera. Porque como hoy le toca a ella golpear la puerta, no hay que olvidar que ayer fue quien debió abrila. Y a pesar de prometer una corta estadía, nunca se sabe. Por eso dificilmente su despedida no sea penosa. Tanto como el motivo que generó su retorno.
espero que podamos hacerle compañía juntos a la soledad, al otro lado del atlántico...
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